Arango Coaching

Una historia para reflexionar: La visita de tu vida

Ago 16th, 2016 | By admin | Category: Blog

Os traigo hoy un post de Silvia Ramírez, coach de Colombia, que termina con un potente cuento de Jorge Bucay. Y que te invita a que reflexiones sobre cómo estás pasando por tu vida….

Llega un momento de la vida en que por fin (¡por fin!) podemos visualizar con claridad qué queremos hacer, qué lugares queremos visitar, cómo nos gustaría vernos, qué nos gustaría aprender, en qué lugar nos gustaría vivir… Y no obstante haber hecho ya lo más difícil, que era visualizar con claridad la meta, nos frenamos al pensar en lo que tendríamos que hacer para lograrla: cuánto dinero sería necesario invertir o cuánto tendré que madrugar cada mañana, por ejemplo.

Definitivamente la Felicidad tiene un precio y éste es la determinación. Revisando mi libreta de apuntes esta mañana, antes de iniciar la primera sesión de coaching del día, encontré este cuento corto de Jorge Bucay que habla precisamente sobre la importancia que tiene estar dispuestos a invertir en nuestro bienestar (comer mejor; procurarnos un espacio físico agradable; aprender cosas distintas a las de nuestra profesión) y no estoy hablando sólo de dinero: por supuesto me refiero con igual énfasis a la necesidad de concedernos el tiempo para disfrutar de cada experiencia. Esta es la historia:

La visita de tu vida

Había una vez un hombre que estaba haciendo una gira turística por Europa. Al llegar al Reino Unido, compró una guía de los castillos de las islas. El más llamativo era el que se presentaba como “La visita de tu vida”.

Intrigado por la propuesta, el hombre llamó desde su hotel esa misma tarde y acordó un horario de visita. El turista llegó al castillo diez minutos más tarde de la hora pactada. Se presentó ante un hombre con falda de cuadros que lo esperaba y que le dio la bienvenida. Le explicó un poco de la historia del castillo y le mencionó algunas cosas sobre las que debía prestar especial atención durante la visita: las piezas de arte, la decoración del techo, los detalles de las columnas… Dicho esto, le dio una cuchara y le pidió que la sostuviera.

– Nosotros no cobramos un derecho de visita. Cada visitante lleva una cuchara como ésta llena hasta el borde de arena fina. Aquí  caben exactamente 100 gramos. Después de recorrer el castillo pesamos la arena que ha quedado en la cuchara y le cobramos una libra por cada gramo que haya perdido -explicó.

– ¿Y si no pierdo ni un gramo?

– Ah, mi querido señor, entonces su visita al castillo será gratuita.

Entre divertido y sorprendido, el hombre comenzó su viaje. Confiando en su pulso, subió las escaleras muy despacio y con la vista fija en la cuchara. Prefirió no entrar a la sala de armaduras porque le pareció que el viento haría volar la arena. Al pasar junto al salón que exhibía las máquinas de guerra, debajo de la escalera, se dio cuenta de que para verlas con detenimiento era necesario inclinarse forzadamente sosteniéndose de la barandilla, lo que implicaba la certeza de derramar algo del contenido de su cuchara, así que las miró desde lejos. Otro tanto le pasó con la escalera que conducía a las mazmorras. Por el pasillo de regreso al punto de partida, caminó contento hacia el hombre de la falda escocesa, que lo aguardaba con una balanza. Vació el contenido de su cuchara y esperó el dictamen.

– Asombroso, ha perdido menos de medio gramo: lo felicito, esta visita le ha salido gratis. ¿Ha disfrutado de la visita?

El turista dudó pero decidió ser sincero:

– La verdad es que no mucho. Estaba tan ocupado tratando de cuidar de la arena que no tuve oportunidad de mirar el castillo.

– ¡Qué barbaridad! Mire, haré una excepción. Le voy a llenar otra vez la cuchara pero ahora olvídese de cuánto derrama, faltan doce minutos para que llegue el próximo visitante. Vaya y regrese antes de que él llegue.

El hombre  tomó la cuchara y corrió hacia el altillo: al llegar allí dio una mirada rápida a los que había y bajo más que corriendo a las mazmorras llenando las escaleras de arena. Al inclinarse para pasar un pasaje se le cayó la cuchara y derramó todo el contenido. Corrió hasta el hombre de la entrada, a quien le entregó la cuchara vacía.

– Bueno, esta vez sin arena, pero no se preocupe, tenemos un trato. ¿Disfrutó la visita?

Otra vez el visitante dudó unos segundos:

– La verdad es que no- contestó al fin-. Estuve tan ocupado en llegar antes que el otro, que perdí toda la arena y no disfruté nada.

El hombre de la falda le dijo:

– Hay quienes recorren el castillo de su vida tratando de que no les cuesta nada, y no lo pueden disfrutar. Hay otros tan apresurados en llegar pronto, que lo pierden todo sin disfrutarlo. Unos pocos aprenden esta lección y se toman su tiempo para cada recorrido. Descubren y disfrutan cada rincón, cada paso. Saben que no será gratuito, pero entienden que los costes de vivir valen la pena.

Jorge Bucay

Podéis leer el post original en este enlace: